Artículos de opinión

Con la esperanza de que David venza a Goliat una vez más

El pasado lunes me sentí feliz por asistir al acto de entrega de los Certificados de Inclusión en el Registro de Personas Residentes en Andalucía con Anomalías Connatales causadas por la Talidomida.

Fue uno de esos días en los que refuerzas tu convencimiento de lo útil que puede ser el trabajo parlamentario y político.

Mi vinculación con las personas afectadas por la Talidomida viene por el trabajo que hace  un año realicé en el Parlamento andaluz. Hasta entonces no conocía el alcance de este tratamiento.  En nombre del Grupo Socialista defendí una proposición no de ley  que, bajo el título “Reconocimiento y adopción de medidas de reparación moral, social y económica a víctimas de la talidomida en Andalucía”, canalizaba las demandas de la delegación andaluza de AVITE (Asociación de Víctimas de la Talidomida en España).

La PNL tenía varios objetivos. Entre ellos, volver a poner un foco en la “maldita talidomida” y en el daño que hizo a muchas personas. Había que  sacar del olvido un tema injustamente silenciado por quienes estaban interesados en tapar vergüenzas y sobre todo los espurios motivos que les llevaron a hacerlo.

Entre los culpables principales de ese silencio, el Estado español, cuando estaba bajo el régimen totalitario de Franco y recientemente, ya en época democrática. Sólo rompió el silencio de manera puntual en estos últimos 60 años, algunas medidas adoptadas por  Gobiernos socialistas, entre ellas un Real Decreto del año 2010 que regulaba un procedimiento para la concesión de ayudas a las personas afectadas pero que resultó ser incompleto e insuficiente. Rompieron también el silencio titulares como “El Supremo rechaza indemnizar a los afectados por la Talidomida”, “El Tribunal considera que el daño del fármaco de Grünenthal ha prescrito” o “El Tribunal Constitucional no admite el Recurso de Amparo que presentó AVITE por lo que las víctimas se quedan definitivamente sin indemnización”.

La historia de la Talidomida no tiene escrito aún su final (al menos en España) y que este sea feliz está en manos, principalmente, del Gobierno de España. El tiempo se acaba, porque hay quien recuerda continuamente que las víctimas de la Talidomida inexorablemente van falleciendo sin que se actúe. Este final se está escribiendo, como le gusta a Rajoy, por inacción de quien tiene la responsabilidad.

Es bueno recordar por qué se ha llegado hasta aquí:

La Talidomida es un medicamento que fue sintetizado por el laboratorio alemán Grünenthal. Se introdujo en Europa en 1956 como fármaco supuestamente seguro contra las molestias del embarazo. Se prescribió y se vendió en todo el mundo y en algunos países como España, hasta sin receta.

En 1961, se concluyó que este tratamiento era el responsable de las graves malformaciones aparecidas en casi diez mil niños y niñas, de los que entre mil quinientos y tres mil eran españoles/as. Las autoridades sanitarias franquistas sabían esta cruel verdad pero la ocultaron y permitieron que el fármaco siguiese comercializándose hasta 1963.

El Estado español no sintió compasión ante el dolor de aquellas madres que confiaban en las autoridades sanitarias que decían a médicos que fármacos si y cuáles que no podían recomendar ante aquellos inaguantables vómitos matutinos. Tampoco se solidarizó con las familias que no sabían explicar la razón de aquellas malformaciones y de otras afectaciones que no tardarían en llegar. Esta es la España que ha fallado como sociedad ante una verdadera injusticia.

Andalucía ha sido la primera comunidad autónoma en reaccionar a instancias de su Parlamento. Los acuerdos de la  PNL fueron varios. El  primero ya es una realidad: El Registro Oficial de Víctimas de la Talidomida. Es el primero en España y ya tiene los nombres y los apellidos de 51 personas inscritas. Un registro que sirve para visualizar a las víctimas, y para que, sabiendo quienes son y donde están, poder garantizarles en Andalucía un adecuado seguimiento y la mejora de su atención sanitaria entre otras medidas.

Este avance ha sido resultado del esfuerzo de todo el colectivo que forma AVITE Andalucía, pero me permito mencionar de manera especial a Ángel Marín porque quiero reconocerle su capacidad para aunar voluntades, para insistir y resistir.

A Ángel le he escuchado decir que empezó a luchar por esta causa desde el mismo momento que sus padres murieron y su tía empezó a contarle lo que ellos no pudieron hacer, quizá por sentimiento de culpa, pero también por miedo, rabia y dolor. Tal vez no quisieron contarle cuanto sabían de la Talidomida, porque tampoco ninguna autoridad les aclaró lo más mínimo. Sirva de ejemplo del sentir de unos estas pocas palabras que forman parte de una carta:

 “Recuerdo las lágrimas de mi madre. Recuerdo como en las fotografías ocultaba el brazo de mi hermano para enviarlas a nuestra familia en el pueblo. Lo recuerdo igual que cuando la familia conoció a mi hermano. La explicación de mis padres: ha nacido así”

Ángel Marín, en nombre de todas las demás, es quien nos recuerda siempre que a pesar de que algo empieza a moverse y que el Gobierno andaluz ha empezado con un gesto sin precedentes en el resto del Estado Español, aún queda la lucha contra un todo poderoso laboratorio alemán, y que es lo más parecido a la lucha entre un débil (David) y un gigante (Goliat). Fue el Consejero de Salud, Aquilino Alonso, el que en ese Acto del lunes se encargó de recordarnos que fue David quien venció a Goliat y no al revés. Y es que aunque en esta lucha parezca que AVITE tiene todo en contra, siempre habrá posibilidades de vencer.

Enhorabuena a quienes formáis parte de AVITE por vuestro incansable y perseverante esfuerzo. El éxito será fruto de vuestro empeño. Y el empeño tiene un objetivo, que David vuelva a vencer a Goliat en el final de la Historia de la Talidomida en España.

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