Artículos de opinión

Otras violencias machistas contra las mujeres

El pasado viernes conmemoramos un nuevo 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. El balance es  desolador: 40 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas en lo que va de año en España… solo por ser mujeres.

La violencia machista no da tregua. Así, la noticia de que por fin se ha acordado un Pacto de Estado para erradicar la violencia contra las mujeres, al menos, es una esperanza.

No hay tiempo que perder. Necesitamos seguir insistiendo en la concienciación y sensibilización acerca de la desigualdad que sufrimos las mujeres y, no menos importante, en detectar las formas, instrumentos o mecanismos que utiliza el patriarcado para perpetuar esa desigualdad.

El patriarcado es sutil y, en la sociedad actual,  difícil de detectar en algunos casos. Un claro ejemplo de esta afirmación es la imposición de determinados cánones de belleza entre las mujeres occidentales y la relación directa con sus posibilidades de éxito en determinados ámbitos.

Las mujeres somos diversas: más rellenitas y más delgadas, de piel sedosa o acnéica. Unas usan zapatos de tacón por elección y otras por obligación. Unas tienen nariz chata y otras nariz pronunciada… somos diferentes.

En cambio el canon de belleza impuesto actualmente hace que muchas mujeres se parezcan. Y que se parezcan en la supuesta perfección, en la elegancia, en la ausencia de celulitis, en el bronceado, en la tersura de la piel sin arrugas, en la pose sensual…

¿Por qué la belleza cambia en función del momento? ¿Por qué es relativa? ¿Por qué lo que antes era no era bello ahora si lo es o al revés? ¿Y quién decide lo que es bello o quien es bella?

Decide quien tiene interés de lucro, decide el capital, deciden las multinacionales y las grandes marcas que han hecho de la belleza un artículo de consumo. Las mismas que han centrado sus campañas publicitarias de manera desproporcionada en uno de los dos sexos: el femenino. Las mismas que tienen puesto el foco apuntando a las mujeres. Las mismas que se encargan de que los cuerpos de las mujeres sean vistos como un espacio lleno de imperfecciones que hay que tapar, ocultar, corregir. Las mismas que intentan vendernos sus productos de belleza para que en lo posible intentemos parecernos a esas otras mujeres que si encajan en esos cánones de belleza actuales. En definitiva, y de nuevo, el sistema patriarcal.

Un sistema patriarcal que define la sociedad en la que vivimos y que no ha dejado de ver a las mujeres como meros objetos para gustar a los hombres, que las sigue utilizando como un adorno para tratar de vender mejor sus productos y que ve en ellas el mejor de los envoltorios posibles. Basta con hacer un recorrido de anuncios de coches que están pensados para ellos, los hombres.

Y todo sin importarles en absoluto que esta estrategia dirigida a que todas las mujeres intentemos alcanzar los cánones de belleza impuestos conlleve riesgos para nuestra salud física y psíquica como los derivados de las intervenciones estéticas o del uso persistente de zapatos de tacón, como los eternos complejos que nos acompañan desde la infancia o los infiernos de la bulimia y la anorexia.

En definitiva, la obligación impuesta a las mujeres de intentar ajustarnos a determinados cánones de belleza, es desde mi punto de vista, una forma más de violencia a la que se nos somete a las mujeres.

Y volviendo al acuerdo del Pacto de Estado para erradicar la violencia contra las Mujeres, acordado por unanimidad y que conllevará la creación de una Subcomisión en el Congreso de los Diputados, insisto nuevamente en que es esperanzador. Pero lamentablemente todo paso hacia adelante en este tema, siempre acaba contrarrestado con uno o varios pasos hacia atrás. Entre otros pasos atrás son rabiosa actualidad unas lamentables declaraciones del señor David Pérez, alcalde del PP de Alcorcón y diputado en la Asamblea de Madrid para el que el feminismo es hoy “rancio, radical y totalitario”. Yo debo ser sin duda para él una mujer “fracasada, amargada y rabiosa. Sencillamente detestable y repugnante”.

“Fracasadas, amargadas y rabiosas”, y nos siguen matando…

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