Artículos de opinión

Un 8 de Marzo tristemente especial

Como cada Ocho de Marzo desde hace más de un siglo, se viene conmemorando el Día Internacional de la Mujer con un objetivo: reivindicar la participación de las mujeres en todos y cada uno de los ámbitos de la sociedad y en un plano de igualdad con los hombres.

Más de un siglo de lucha pacífica en el que hemos avanzado, qué duda cabe, aunque no sin resistencias. Basta con recordar una frase de plena actualidad: “Las mujeres deben ganar menos porque son más débiles, más pequeñas y menos inteligentes”. Frase de un eurodiputado que además de mostrar su desprecio a las mujeres, tacha de escoria a los refugiados y refugiadas y es favorable a la pena de muerte. Claro que también para el caso tenemos a Trump.

Este 8 de Marzo es tristemente especial. Normalmente las cifras de empleo, la brecha salarial, la ausencia de medidas para la conciliación, los presupuestos destinados a políticas de igualdad, los techos de cristal… son los conceptos que forman parte de los manifiestos que se elaboran con motivo de este día. Pero el 8 de Marzo de este año se conmemora sin poder perder de vista que la máxima expresión de la desigualdad, es decir, la violencia contra las mujeres, deja unas cifras tremendamente insoportables: 17 víctimas, 16 mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas y un menor. Casi 900 mujeres asesinadas (acuchilladas, ahogadas, precipitadas, quemadas vivas…) desde que contamos con estadísticas oficiales.

Sobre la violencia de género, destacan por indignantes, los primeros datos que el Ministerio del Interior ha hecho públicos, que se derivan de la revisión de doscientos crímenes por machismo ocurridos entre 2010 y 2012 y que vienen a concluir que esos crímenes machistas están relacionados con el deseo de las mujeres de separarse rápido. O sea que, el propio Ministerio del Interior nos culpa a nosotras las mujeres, a las víctimas de la violencia, de ser las responsables de esa misma violencia que llega hasta a matarnos.

Y no menos llamativas por ser muy pobres, poco alentadoras o/y esperanzadoras, resultaron las palabras del Sr. Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy que, poco acostumbrado a las preguntas de los periodistas, el pasado 23 de febrero dio una rueda de prensa obligado por la presencia del presidente Argentino y en la que a la pregunta relacionada con la entonces (al igual que hoy) desesperante situación de 5 mujeres asesinadas en menos de 72 horas, su única respuesta y solución como presidente del Gobierno fue la de que llamáramos al 016.

Fue justo entonces cuando se nos vino a la cabeza que al presidente del Gobierno, en aquella rueda de prensa con Mauricio Macri, y tras sus más de 5 años de mandato, fue la segunda vez que le escuchamos hablar sobre la violencia que estamos sufriendo las mujeres en este país. Y la vez anterior, y también primera de todo su mandato, que Rajoy se pronunció sobre el terrorismo machista fue el 15 de Septiembre del año 2015 durante la visita que realizó a las instalaciones del 016, con claras intenciones electoralistas, como denunciaron varios colectivos feministas, pues nos encontrábamos a dos escasos meses de las elecciones generales de 2015. Palabras tardías y oportunistas. Y hasta entonces y tras cuatro años en la presidencia y una media de 40, 50 y 60 mujeres asesinadas cada año, el Presidente no había expresado ni una sola palabra de condena o rechazo.

Se me ocurre que ante aquella pregunta periodística, a Rajoy no se le vino nada más a la cabeza que su visita a las instalaciones del 016. Y no tuvo nada más que decir.

Aprendí hace unos días una acepción de la palabra empoderamiento. Lo decía la diputada socialista, Ángeles Álvarez: “alguien está empoderado cuando es capaz de institucionalizar un discurso”. Y el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, hasta hoy, no ha sido capaz de institucionalizar el discurso contra la violencia de género. Aún lo estamos esperando, porque en esta lucha tenemos que estar todos y todas.

En vísperas de otro 8 de Marzo y ante la enorme preocupación que nos genera un 2017 sangriento, es absolutamente necesario que la sociedad entera se empodere en contra de la violencia hacia las mujeres (incluido el Presidente y su Gobierno).

De todo ello se deriva la importancia de la Subcomisión creada en el Congreso para el necesario Pacto de Estado contra la Violencia de Género, porque no hay ni un solo segundo que perder. Se necesita hoja de ruta a desarrollar para atajar la violencia hacia las mujeres y hacia sus hijos e hijas. El Grupo Socialista se va a dejar la piel en esa Subcomisión.

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