Noticia

30 de noviembre de 2010

El hombre al que traen a contar peones

El Partido Popular nos está acostumbrando a que su quehacer político diario sea ejecutado y percibido como una tragedia griega en la que sus máximos dirigentes, como ocurre en el teatro de Sófocles, pertenecen a una gran saga heroica que tiene que luchar contra problemas gravísimos que resuelven gracias al dolor y sufrimiento del protagonista. El ritual lo desarrollan utilizando máscaras para poder de este modo transformar al actor en personaje, ser visto desde lejos y sobredimensionar la voz; igualmente utilizan coturnos para dar altura y hacerlos enormes frente al común de los ciudadanos y por supuesto del coro.

Mariano Rajoy o Javier Arenas son representativos de estos actores griegos, siempre luchando contra grandes y sobrehumanos problemas provocados por el “malvado” Presidente Zapatero o por el líder andaluz Griñán. A diario los dirigentes del PP tienen que evitar que España se rompa por la acción de las derrochadoras Comunidades Autónomas, por supuesto sólo las que gobiernan los socialistas, puesto que las que ellos dirigen, como Madrid o la Comunidad Valenciana, son “austeras e incorruptas” como el brazo de Santa Teresa.

También pelean denodadamente para que la familia no desaparezca por los matrimonios homosexuales o el aborto; para que la educación sea de verdad de calidad como cuando sólo estudiaba el 30% de la población joven, ellos y sus amigos; para evitar que los servicios públicos de la sanidad, educación o de los servicios sociales derrochen e impidan el desarrollo de las iniciativas privadas y empresarios punteros.

El mensaje es lineal y repetitivo, el modelo socialista lleva al colapso y llevan a España al coma profundo y ellos como héroes que son, tienen que evitarlo, destruyendo al enemigo y dejando después que el mercado haga un modelo de España justa, solidaria, cohesionada, con menos funcionarios, menos sector público, menos homosexuales, menos aborto, menos alumnos torpes, etcétera.

En Andalucía el héroe Arenas, campeón donde los haya, ha luchado y lucha sin reposo ni sosiego, como Ministro de Aznar antes, y siempre, como líder de la oposición andaluza, para levantar nuestra tierra y mantener el liderazgo de la derecha andaluza, tan cuidadosa allí donde gobierna, tan austera y buena gestora, tan magnífica pagadora, que no necesitan subir los impuestos ni tener asesores ni liberados.

Este es el modelo que nos quieren vender, el de la ciudad de Granada, por ejemplo, donde Arenas apoya sin dudar el mantenimiento de los elementos representativos del franquismo, donde la memoria histórica es propia de progres trasnochados, donde los impuestos se suben con dureza, donde en vez de buscar soluciones se buscan siempre problemas. El discurso es tosco, pero qué más da. La Junta es el enemigo a batir, porque se quieren llevar Sierra Nevada o la Alhambra, porque no nos dan lo que pedimos y nos tratan desigualmente y con agravio respecto a otras ciudades.

Arenas quiere siempre luchar “a muerte, a muerte” por Granada, por la Costa Tropical, pero no plantearon un AVE para Granada ni fueron capaces de ejecutar ni un solo tramo de la Autovía del Mediterráneo en ocho años del Gobierno del visionario Aznar, y ni siquiera son capaces de presentar enmiendas a los PGE de 2011 para indicar lo que ellos harían en caso de gobernar.

Rajoy está en el diván esperando que la crisis mundial y los problemas que compartimos todos los países europeos, convertidos en errores provocados únicamente por los socialistas, lo lleven en volandas al Gobierno de España y al de Andalucía a su discípulo y comilitón Arenas.

Campeón Arenas tiene que hacer esfuerzos complementarios para conseguir el honor y la gloria, porque perder tantas veces marca su perfil de héroe, pero hace esfuerzos inconmensurables para conseguirlo, y como Sileno en la obra Los rastreadores de Sófocles busca los bueyes que el niño Hermes le ha robado al dios Apolo y a él lo traen para contar los peones que trabajan en el metro de Granada, siendo capaz en una hora de recorrer todo el trazado desde Albolote a Armilla y saber cuantos ingenieros y obreros trabajan en cada tramo, cuanto espacio está siendo ocupado innecesariamente y constatar que la obra, que ejecuta la Junta, es un desastre. Todo lo contrario de las del Ayuntamiento de Granada, donde siguen preocupados por las alcayatas de los toldos del Corpus, las tribunas de las procesiones, el arte de la estatua de José Antonio, la retirada de los recuerdos que las familias de los fusilados dejan en las tapias del cementerio y otras obras mayores de este tenor que nos van a hacer sin duda como ciudad, más grande, innovadores y competitivos. Honor y gloria para Arenas y su representante en Granada, Pepe Torres, protagonistas de la gran tragedia: El hombre al que traen a contar peones.

 

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